Proceso Eficaz, el blawg.

El inicio de la cuarentena –marzo de 2020- me encontró con cincuenta años recién cumplidos, menos de un mes de separado, una hija adolescente, el cargo judicial con el que habré de jubilarme en poco tiempo más y haciendo terapia por primera vez en mi vida. Vía Zoom, claro.

Con mucho tiempo para reflexionar obligado por el encierro sanitario, contando con un relativo orden en la vida laboral y profundo caos en la vida personal, entró en crisis –entre otros aspectos- el rol de autor y docente que venía desarrollando desde hace casi treinta años. 

Durante todos estos meses escribí muy poco, casi nada.

Pero sí -gracias a los muchos y muy buenos amigos con que cuento en el mundo jurídico/judicial- he ejercido la docencia (o la divulgación de conocimientos, como prefiero llamarlo) bajo los formatos tecnológicos que de modo imprescindible surgieron o se consolidaron durante la cuarentena. 

De un día para otro dejé de dar clases o conferencias frente a un grupo de personas. Se perdió el «cara a cara». Fue algo muy extraño.  

En los eventos presenciales, desde el lugar del que habla -docente o conferencista- era muy interesante ver tanto a las personas que escuchan con interés, boquiabiertas, cautivadas por el tema, como a las que –también con la boca abierta y, a veces, roncando- dormitan vencidas por el cansancio y tedio de la exposición.  Sin duda alguna, aquel formato, el de siempre, tenía su encanto.

Durante todo este tiempo de encierro más o menos flexible pasé a realizar esas actividades con el auxilio de una webcam o de un celular, hablando solo, desde mi departamento de separado frente a mi laptop o teléfono imaginando que del otro lado, en algún lugar, había alguien escuchándome. En mi caso, con muchos años encima, tuve que aprender a usar redes sociales, servicios de mensajería, plataformas como YouTube y similares, sistemas de streaming, etc. Debí familiarizarme con nuevos, variados -y muy interesantes- modos de creación y difusión de contenidos.  

Y fue allí, justamente allí, rodeado de nuevos formatos y términos, en un mundo atiborrado de videoconferencias, podcasts, blogs,  microblogs, historias, posteos, vivos, vlogs, streaming, etc., etc., donde tuve una revelación. Donde encontré mi destino.  


De ese modo me di cuenta de que mi vocación -en este campo- era ser un influencer en temas de derecho. Un “legal influencer”. Un Ibai Llanos jurídico. 


Tuve el sueño de poder llegar a muchas personas con contenidos de derecho claros, simples, amenos, que les pueda ser de utilidad ya sea para el desarrollo de sus diversas profesiones como para, simplemente, entender algo más del mundo jurídico y -ya en el mejor de los casos- que les sirva para conocer cuáles son y cómo funcionan los mecanismos procesales con los que pueden defenderse. 

Admiro a los divulgadores. Especialmente a aquellos que logran explicar con facilidad temas difíciles. Crecí viendo “Cosmos”. Siendo muy chico, esa serie televisiva me dejó impactado. Fue un mazazo intelectual. Carl Sagan es mi ejemplo de divulgador: creativo, ameno, simple, serio -sin ser acartonado- y, por sobre todas las cosas, apasionado por lo que hacía. Es para mi el paradigma del difusor de conocimientos. Por el contenido y por el método expositivo. Por el fondo y por la forma, diríamos en derecho. Porque, además, se enfrentó con el desafío que planteaban temas poco amigables para el gran público (el espacio, el tiempo, la creación del universo, la evolución de las especies, las leyes de la física y de la química, la genética) y superó el reto de manera exitosa con la ayuda de un muy cuidado material audiovisual como vehículo del mensaje y elemento clave para conseguir el objetivo

Lo audiovisual como auxiliar de la difusión del conocimiento es, a mi ver, algo esencial ya desde hace mucho tiempo en nuestra sociedad. Y ello debe ser articulado –tal como ocurrió especialmente durante los meses de cuarentena mundial- con la evolución de lo digital: el digital es hoy el principal ámbito de generación de contenidos -de todo tipo- así como de la transmisión de conocimientos.  

Cerrando el círculo, vemos que dentro del mundo digital, impera en nuestra cultura el formato audiovisual. El formato escrito, aún digital -como este blog- ocupa un segundo lugar y creo firmemente en que su supervivencia depende de que incorpore elementos del audiovisual. 

El concepto de influencer -a diferencia del de divulgador de conocimientos o, en lo jurídico, “doctrinario”- hace referencia al formato en el que se desarrolla la tarea de “influenciar”, entendida como manera de “llegar a otro con un mensaje útil”. 

Por eso, lo aquí buscado es llegar a ser divulgador-digital-de-conocimientos-juridicos (legal influencer) y no solamente blawgger (bloguero de temas de derecho). 

Hoy doy inicio a la etapa del blawgging, pero la pretensión completa es incorporar a mi trabajo un mayor contenido audiovisual mediante podcasts, canal de YouTube, interacción en redes y quizás, en el futuro, streaming en Twitch… 

El transitar durante la pandemia por este nuevo ámbito comunicacional provocó no solamente que me replantease los formatos utilizados para la divulgación sino también el de los contenidos.  

O, quizás más precisamente, del “estilo” de los contenidos. 

Si bien los temas a desarrollar tendrán que ver con los tópicos ya presentados en obras e intervenciones anteriores y que quedan cubiertos por nuestra marca –Proceso Eficaz-, el estilo será -espero- bien diferente del ya conocido en publicaciones y clases magistrales prepandemia.  

Voy a intentar que el estilo del discurso escrito sea más parecido al de los vivos de Instagram o al de charlas en canales de YouTube que quizás muchos de ustedes han visto. 


Intervenciones breves, concisas, en tono distendido, coloquial, dinámico, buscando siempre que el contenido sea útil, que aporte algo –aún pequeño- que sirva tanto a los colegas abogados como a todo aquel interesado en los temas del derecho procesal. A ello se habrá de agregar una imprescindible toma de posición frente a la realidad descripta, siempre partiendo de los dos principios fundamentales que me guían: el republicanismo y el respeto por los Derechos Humanos. 


Será fundamental la interacción con los lectores / followers / suscriptores / amigos / contactos (según la red social o plataforma que usemos). Esto será una construcción colectiva, ya que cualquier cosa que diga o escriba podrá ser comentada, enriquecida, retrucada o apoyada en tiempo real por cualquiera de ustedes. También, por supuesto, “trolleada” o “hateada”. Mientras evitemos los insultos, todo tipo de reacción será bienvenida. 

Para comenzar este viaje –como adelantara- el formato elegido es el del blog.  

Si traemos el blog al mundo del derecho, nos encontraríamos frente a un estilo aún más leve que el propio del articulismo jurídico del que nos habla Jorge Peyrano en este trabajo. Allí, Peyrano evoca el discurso de recepción de la Academia Argentina de Letras de Jorge Fernández Díaz, donde se aborda, justamente, lo referido a la historia, evolución y trascendencia del “articulismo” como género literario.  

El blog, a secas, resultaría heredero de aquellas expresiones literarias breves, reconociendo a la crónica descriptiva periodística (para algunos autores, las crónicas bélicas en particular) como fuente original de inspiración. En muchos casos, el blog tendría entre sus contenidos principales el desarrollo de este tipo de artículos pero en el particular marco tecnológico que ofrece un sitio o página en la web. 

En Proceso Eficaz, al versar nuestro blog sobre contenidos legales, emplearemos el término blawg, combinación de palabras de origen inglés que utilizaremos en lugar de “blog jurídico” o “blog de derecho”. El término blawg se encuentra ya muy difundido y no solamente en países de habla inglesa.  

Si bien el blog literario o periodístico ha tenido mucho desarrollo -en el mundo y en nuestro país-, no ha ocurrido lo mismo con el blog jurídico o blawg. Así y todo, contamos con una interesante cantidad de blogs jurídicos o páginas con contenidos de derecho. Por citar solo algunos, encontramos los blogs de Gustavo Arballo, Roberto Gargarella, Martín Juárez Ferrer, Alberto Bovino, Tomás Marino, Ariel Barbero, Lucas Arrimada y colaboradores, entre los más importantes. Son dignas de mención las páginas jurídicas Diario Judicial y Derecho en zapatillas por su tratamiento dinámico y descontracturado de cuestiones de derecho. 

Todas estas publicaciones han abierto el camino del blawgging en nuestro medio. Es desde ese lugar que quiero iniciar una nueva aventura en compañía de todos ustedes. 


Estoy muy entusiasmado con el inicio de esta experiencia. 


Ojalá podamos generar un interesante y ameno ámbito de interacción de donde surjan herramientas que faciliten el trabajo de mis colegas abogados –tanto los litigantes como los judiciales-. Con seriedad desde lo técnico pero descontracturado, liviano desde lo comunicacional

Y, fundamentalmente, que podamos acercarnos cada día un poco más al objetivo de contar con un proceso eficaz para la plena vigencia de los derechos de la gente.  

Derechos que –para este blawg- son los derechos que nos asisten a TODOS nosotros

Sujétense fuerte que allá vamos…. 

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